Su producción incluye los géneros pianísticos (32 sonatas para piano), de cámara (16 cuartetos de cuerda, 7 tríos, 10 sonatas para violín y piano), vocal (lieder y una ópera: Fidelio), concertante (5 conciertos para piano y orquesta, uno para violín y orquesta) y orquestal (9 sinfonías, oberturas, etc.), así como el ciclo de las Nueve Sinfonías, entre ellas la Tercera Sinfonía, también llamada Eroica,[] en mi♭ mayor, la Quinta Sinfonía, en do menor y la Novena Sinfonía, en re menor (cuya música del cuarto movimiento, está basada en la Oda a la Alegría).

A lo largo de su vida Beethoven visitó gran cantidad de médicos para curar sus diversas dolencias físicas, como mala digestión, dolor abdominal crónico, irritabilidad y depresión. En una carta a un amigo expresó su deseo de que después de su muerte sus restos fueran usados para determinar la causa de su enfermedad y evitar que otros padecieran su mismo sufrimiento. Desde su muerte a los 57 años en 1827 han existido muchas especulaciones sobre las causas de su dolencia y muerte.[14]

Estudios realizados en el Centro de Tratamiento Pfeiffer en Warrenville (Illinois) en 2005 han revelado algunos datos sobre las causas de su muerte. Los análisis de un mechón de su cabello y de un fragmento de su cráneo dieron como resultado la existencia de altas concentraciones de plomo, lo que indica que el compositor podría haber padecido saturnismo. Aparentemente Beethoven ingería agua contaminada con plomo, que se obtenía de un arroyo campestre creyendo que tenía propiedades curativas. Últimas investigaciones señalan que fue por el plomo de los vasos que usaba para beber. A raíz de dichos estudios se pudo saber que el compositor padecía problemas estomacales desde los 20 años y que en ocasiones sufría crisis depresivas. Los problemas estomacales y el cambio de personalidad que sufrió a los 20 años concuerdan con el diagnóstico de envenenamiento por plomo.


SINFONÍAS

Primera y Segunda sinfonías

Beethoven había cumplido los 30 años de edad cuando presentó su Primera Sinfonía, fascinando a sus contemporáneos por su frescura y originalidad. La obra está dedicada al Barón van Swieten, amigo de Mozart y uno de los primeros protectores de Beethoven en Viena. Mucho se ha hablado del original inicio de esta sinfonía, pues arranca con un acorde distinto a la tonalidad principal de do mayor. En todo caso, ésta era una de las rúbricas de Joseph Haydn. El tercer movimiento lleva el nombre de «Minuetto», pero es más rápido que lo acostumbrado en el género sinfónico de la época. Otros rasgos anunciadores del futuro Beethoven son los sforzandi de la orquesta y la forma de emplear los instrumentos de viento.

 En 1803 el músico de Bonn dio a conocer la Segunda Sinfonía en re mayor, cuya alegría contrasta con la tristeza que vivía el autor. Beethoven reemplazó el estándar minueto por un scherzo, más rítmico y dinámico. Esta innovación y sus fuertes sonoridades dieron a la Segunda Sinfonía un mayor alcance y energía. Después del estreno, los críticos notaron la ausencia del minueto y dijeron que la composición tenía mucho poder, pero que era demasiado excéntrica. No faltaron las duras críticas.


Tercera y Cuarta sinfonías

Dos años más tarde, Beethoven rompió todos los moldes clásicos con su Tercera Sinfonía en mi ♭ mayor, llamada Eroica. Esta sinfonía dura dos veces más que cualquier otra de la época, la orquesta es más grande y los sonidos son claramente anunciadores del Romanticismo musical. La obra se compone de un primer movimiento de una duración aproximada de 20 minutos: hasta esa fecha no se había compuesto un movimiento sinfónico tan extenso.

 Cuarta Sinfonía en si♭ mayor, de 1806, recupera la frescura de sus dos primeras composiciones sinfónicas.


Quinta y sexta sinfonías

 

La Quinta Sinfonía. Esta sinfonía en do menor destaca principalmente por la construcción de los cuatro movimientos basados en cuatro notas (tres corcheas y una negra), las cuales abren la obra y retornan una y otra vez dando a la sinfonía una extraordinaria unidad. Para el músico significaban «la llamada del destino». El segundo movimiento es un hermoso tema con variaciones.

La Sexta Sinfonía en fa mayor, conocida como Pastoral. Es difícil imaginar dos obras tan distintas: toda la fuerza y violencia de la Quinta se convierten en dulzura y lirismo en la Sexta, cuyos movimientos evocan escenas campestres. Es el mayor tributo dado por Beethoven a una de sus grandes fuentes de inspiración: la naturaleza.

 


Séptima y Octava sinfonías

La Séptima Sinfonía en la mayor aparece en 1813 -casi un año después de su composición-. El compositor se empecinó en dirigirla en su estreno, con tragicómicos resultados. Pero la crítica reconoció una nueva genialidad de Beethoven. Indudablemente, el maestro alemán muestra con la Séptima su más grandioso concepto de la introducción. Richard Wagner, otro ferviente beethoveniano, calificó a la Séptima como la apoteosis de la danza» por su implacable ritmo dancístico y notable lirismo

La Octava Sinfonía en fa mayor, compuesta inmediatamente después de la Séptima y cuya brevedad (poco más de 25 minutos) no eclipsa su meticulosa escritura. Es su sinfonía más alegre y desenfadada (mi pequeña sinfonía en Fa, la llamaba el maestro, para diferenciarla de la Sexta, escrita en la misma tonalidad). La composición fue extremadamente ligera y rápida (cuatro meses). Alguno la ha llamado: «la Octava de Beethoven... y la última de Haydn».


Novena sinfonía

 

Su Novena Sinfonía «Coral». Su orquestación (2 trompas adicionales, triángulo, platillos, coro y solistas vocales) y duración (70 minutos) es superior a la de la Eroica. Los primeros tres movimientos (un épico Allegro ma non troppo, un poco maestoso, un electrizante Scherzo y un religioso y soñador Adagio) llegan a su culmen en el deslumbrante finale (Presto-Allegro mam non troppo), que inicia con un recitativo instrumental y con citas de los movimientos precedentes.


Decima sinfonía

 

Beethoven se encontraba trabajando en una Décima Sinfonía, cuando falleció, de la cual llegó a tocar ante él unos compases al piano. El fragmento, constaba de una introducción en mi ♭ seguida por un contundente allegro en do menor.